Querida playera:

Ahí estas, tendida en mi cama, silenciosa. Después del dolor tan grande que sufrí, me pregunto si debo de usarte de nuevo. Estas llena de mis lágrimas y del sudor provocado por la angustia y la ansiedad. Ayer te portaba con orgullo, pero hoy, me cuesta verte. Esperaba salir contigo a la calle para celebrar una gran victoria con los míos. Pero no pudo ser así. Ahora, veo a mis rivales, los que me han robado de ese momento tan añorado y no puedo evitar sentir que todo se ha acabado. Por eso, hoy estas ahí, sin moverte.

No te lo tomes a mal, querida playera. Tú sabes que te amo con todo mi ser. Y es precisamente ese amor el que provoca este dolor. Ese amor que hizo que me dejará la garganta frente al televisor. Ese amor que hizo que mi esperanza no se apagará, a pesar de que ya había terminado el partido. Ese amor que provocó la tristeza que viene después de que las ilusiones se apagan. Pero aún así, te veo y no puedo evitar recordar lo que representas.

Por eso, a pesar de que se que muchos te dejaran en un cajón, yo no te abandonare. Porque lo que tu me has dado no me lo ha dado nadie más. Porque no solo me has traído momentos de dolor. También me has traído multiples alegrías. Y esas, al final, son las que nos hacen seguir adelante.

Así que hoy, al igual que ayer, te portaré con mucho orgullo. Porque lo que tú y yo tenemos es para siempre.

 

Escrito por Marianela Camelo

Regiomontana en Los Angeles. Amante del fútbol. Twitter: @manecamelo

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