Uno de los gritos más famosos de los seguidores de la Selección Mexicana es “sí se puede”. Lo escuchamos cada vez que pasamos de ronda, nacido de la ilusión y la esperanza de poder ver a México pasar del bendito 4to partido. Pero siempre nos encontramos la misma historia. Los jugadores se atascan y las ilusiones se pierden. Por que a pesar de que el aficionado cree que sí puede, el jugador mexicano no lo cree.

Lo que se vivió el sábado en San José fue digno de miles de columnas, opiniones, editoriales, tweets y memes. Todos alzaban la voz hablando de la vergüenza que significaba para todos los mexicanos el que México hubiera perdido tan estrepitosamente. Todos nos quedamos en el resultado, exigiendo soluciones rápidas que creemos que cambiaran las cosas a largo plazo. Y es la falta de paciencia del aficionado y de los directivos y la falta de mentalidad ganadora del jugador la que no permite que México por fin explote como una potencia mundial.

Solo volteemos a ver a Europa, hacia la peninsula ibérica. España, al tener un proyecto, un estilo de juego y entrenadores (Luis Aragonés y Vicente del Bosque) que siguen ese estilo, ha llegado al éxito que tanto se esperaba de ellos. A pesar de la gran vergüenza por la que paso el equipo en Brasil 2014, Vicente del Bosque siguió al mando. La RFEF no se dejó influir por la voz del aficionado que a través de sus tweets anónimos no solo pedían, sino exigían que fuera destituido. Entienden que para el aficionado solo vale el presente y no el pasado, pero los directivos tomaron la decisión correcta: velar por el futuro de la selección y los seleccionados. Esto no quiere decir que no se puedan equivocar. Solo que todos juntos reman hacía un proyecto en común. Y ese proyecto hizo que España se convirtiera de una selección en vías de desarrollo a una de las mejores del mundo. Antes nadie temblaba al enfrentarse a ellos. Ahora nadie los desea, no importa si este jugando bien o mal. Por que la camiseta y ese escudo han comenzado a pesar.

Por el otro lado, México sigue siendo un equipo que parece que va a ser la bomba del torneo, pero apenas truena como una cebollita/brujita. Y son muchos los factores que no permiten que se conviertan en una potencia. Los aficionados impacientes. Los directivos interesados en recibir dinero y llenar esas arcas que están rebosando. Los jugadores mal aconsejados y con falta de liderazgo. Y es por eso mismo que a pesar de que lleguen y salgan directivos, entrenadores y jugadores, nada va a cambiar. Si queremos una renovación, la cultura de la selección debe transformarse de raíz. Y los aficionados debemos de tener paciencia. Mucha paciencia. Por que seguramente esto tomará años. Pero al final valdrá la pena.

Yo espero que Osorio siga. Y los jugadores también. Y si esto 7-0 no los levanta, eso solo significa que el problema es todavía más profundo de lo que pensamos.

Me quedo con las palabras del gran Borgetti:

 

Escrito por Marianela Camelo

Regiomontana en Los Angeles. Amante del fútbol. Twitter: @manecamelo

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